lunes, 19 de marzo de 2012

La mosca

Parece un día cualquiera. Todo es rutinario como cualquier otro día. Podría ser lunes, martes, miércoles o jueves. Viernes no, porque los viernes los problemas y las felicidades se ven y se sienten distintas. Podría ser cualquier día, pero es lunes. Quizás uno de los peores días para mucha gente, no para mí hasta hace un par de semanas. Ese lunes cualquiera, o no tanto, arranco un poco más dormida que lo habitual. ¿Quién me manda a salir un domingo a filosofar con brebajes mediante? Nadie. Sola me mando a vivir esas cuestiones cada vez más seguido. Entonces el lunes paga los platos rotos. Somnolencia, humor al borde del abismo, estomago revoltosa, paciencia cero. Pero sin embargo, sobrevivo hasta que aparece ella: la mosca. La veo venir como quien no quiere la cosa. Revolotea a lo lejos. La espanto varias veces, la soplo, le grito, la alejo. Pero ella desaparece unos minutos y al rato vuelvo a sentir su presencia. No hay mosca que no sea insoportable, pero esta además es dañina. Mi humor al límite cambia abruptamente cuando la mosca se reposa un instante en mi sien. Me pego una pequeña bofetada para intentar matarla y no morir yo en aquel intento. Ella es rápida, ágil, oscura y se escapa. Luego de intentarlo varias veces, mi día cualquiera se convierte en un día detestable y olvidable. Mi humor al límite del abismo salta sin red hacía los lugares donde no quiero ir. Todo se oscurece de golpe, sin dejarme gobernar nada. Los pocos pensamientos positivos de este lunes se ven subyugados por esta mosca y sus efectos. Solo me queda vivir lo que resta del día. Sin apostar mucho, cruzándome con la menor cantidad de gente posible, intentando no lastimar a nadie en mi camino. Yo ya estoy rendida ante esa mosca y sus efectos. Sólo me queda esperar hasta que se le ocurra irse a jugar con otra cabeza. Mientras, yo respiro y pienso en eso que sólo los días como hoy puedo pensar.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No es la mosca, eres tu!

saludos my friend

Juan