domingo, 2 de diciembre de 2012

Vuelo


Te subís a un avión. Te abrochas el cinturón. Te aseguras que esté bien abrochado. Luego pasa la azafata chequeando que lo tengas puesto. Te indican con una sonrisa que deberás hacer en caso de un accidente, despresurización o caída al mar. No le prestas mucha atención.
El avión comienza a carretear. La inercia te hace pegarte al asiento. Algunos sienten miedo, otros pánico, otros felicidad, como yo. De golpe estas volando junto con los otros pasajeros y tripulantes. Todo empieza a hacerse chiquito desde el aire. Los edificios, las calles, las luces empiezan a convertirse en una enorme maqueta puesta ahí ante tus ojos. ¿Y vos que ves? Todo lo que dejas. Los amigos, la familia, algún amor, tu casa, tu vida cotidiana. Desde lejos todo se ve distinto, siempre. Para mejor o para peor. Pero no hay duda que la distancia aclara algunas cuestiones. Desde lejos, volando, vez tu mundo como a una maqueta, vez la globalidad de tu vida dejada de lado por algunos días. Ves el cuadro completo de eso que estas dejando. Ya no estas inmerso en ese ser cotidiano que sos todos los días al despertarte. Ahora solo depende de vos que haces con eso que viste desde el cielo. Podes cerrar los ojos y dormirte para hacer el viaje más corto. Podes entrar en pánico y distraerte sintiéndote mal. O podes ver todo desde lejos y tomar nuevas decisiones con eso que estas viendo. Es, quizás, una nueva posibilidad de cambio. Es quizás un nuevo comienzo. Y ahí, cuando estas aterrizando unos días más tarde a esa maqueta que se convertirá nuevamente en tu lugar, tus edificios, tus calles, tus luces, tus amigos, tu familia, tu amor. Es ahí donde podés cambiar algo, solo si querés. Sino mantendrás todo igual, como si nunca hubieras volado. Como si nunca hubieras visto todo desde lejos. Como si nada hubiera pasado entre ese que eras antes de despegar y este que regresa ahora.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy lindo. y que grandioso sería tener esa capacidad de volar o abstraerse sin el costo de un check-in. como bien decís las vidas son una maqueta, sin ver todavia que podemos mover las piezas como se nos antoje. diseñar ntra ciudad única. En mi caso sí tengo esa (una de las poquísimas) capacidades. El tema es que espero que se caiga el avión pronto. A ver si sobrevivo o no de una vez por todas. Perdón, me lo inspiró tu escrito, que me gusto. un saludo!!

Juliana Fortini dijo...

¿Cómo que se caiga el avión? No hace falta ir tan al limite para pegarse un sacudón de vida y ver que hacemos con nuestra maquetita...
Saludos y gracias por el comentario.

J.

Anónimo dijo...

El tema es que cuanto más sólidas son las paredes de la cárcel, tanto más fuerte debe ser el golpe para quebrarla, sea el prisionero desde adentro, o sea quien lo quiere ayudar desde afuera.

Juliana Fortini dijo...

Entonces bien, se kamikaze de tu propio avión/carcel/molde. Da el paso que te lance al vacío para caer y poder quebrar todo lo que te sobre al rededor.
Y recién ahí va a aparecer el verdadero ser que está escondido esperando para comerse esta vida.

J.

Esperanza Van Nooit dijo...

A veces no hace falta quebrar las paredes de una cárcel. Basta con abrir la puerta de la celda.