viernes, 3 de octubre de 2008

Volver sin la frente marchita


Otra vez en la cercanías. Volver no es fácil y  a veces irse tampoco. Todo depende a donde vuelvas, de donde te vayas, quien te espere cuando regreses o a quien extrañes cuando te vas. A mi hoy me toca volver. Varios recuerdos he construido en los últimos días  y varias sensaciones he descubierto luego de viajar sola. Bogotá me despidió nublado, como cuando llegué. Un dejo de tristeza pasó cerca mío cuando despegaba. Algún día volveré. Buenos Aires me recibió de noche, iluminada, con una luna hermosa y pequeña. “Ahorita” me toca reencontrarme con la rutina, con mi gente y con la realidad diaria. Construiré, quizás, recuerdos menos recordables, y descubriré sensaciones menos trascendentes. Pero aquí y ahora, seguiré soñando con antiguos y futuros viajes que me hagan despertar. 

1 comentario:

Joaquin Sabina del Blog del Fondo de la Calle dijo...

Sentados en corro merendábamos, besos y porros
y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa.
Te morías por volver con la frente marchita cantaba Gardel
y entre citas de Borges Evita bailaba con Freud,
ya llovió desde aquel chaparrón hasta hoy.

Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte
carricoches de miga de pan, soldaditos de plata.
Con aguita de un mar andaluz quise yo enamorarte
pero tú no tenías más amor que el de río de la plata.

Duró la tormenta hasta entrados los años ochenta
cuando el sol fue secando la ropa de la vieja Europa.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió
mándame una postal de San Telmo, adiós cuídate
y sonó entre tú y yo el silbato del tren.

Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte
monigotes de miga de pan, caballitos de lata.
Con aguita de un mar andaluz quise yo enamorarte
pero tú no tenías más amor que el de río de la plata.

Aquellas banderas de la patria de la primavera
a decirme que existe el olvido esta noche han venido
te sentaba tan bien esa boina calada al estilo del Ché
Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear
y al llegar y me puse a gritar ¿donde estás?

Y no volví más a tu puesto del rastro a comprarte
corazones de miga de pan, sombreritos de lata.
Y ya nadie me escribe diciendo no consigo olvidarte
ojalá que estuvieras conmigo en el río de la plata
Y no volví más a tu puesto del rastro a comprarte
carricoches de miga de pan, soldaditos de lata.