jueves, 25 de septiembre de 2008

La santa


Ella es Rita. Mi nueva compañera. Como no podía ser de otra manera en alguien alejado de las plantas como yo, me la regalé el día de la primavera. Hoy la planté y le acomodé su lugar en mi humilde balcón. Tendré que acordarme de regarla, pero no ahogarla. Tendré que dejarla sin agua varios días, pero sin secarla. Ella, Rita, será testigo de algunas situaciones de mi vida. Me verá sentada en la hamaca que queda frente a ella. Espiará del otro lado del vidrio lo que en mi sillón suceda. Será voyeurrista de mi vida. Será la única testigo de algunos llantos. Me verá desayunar frente a ella con cara de dormida.  Me extrañará cuando esté de viaje y manos ajenas la vendrán a cuidar. Rita me dará su color cuando lo necesite y yo le daré mis palabras y mi cuidado para que pueda acompañarme el tiempo que nos necesitemos. 

3 comentarios:

Chara dijo...

yo tengo las calles y las lunas suburbanas como dice "Sur", y setenta balcones y ninguna flor (que manera de parafrasear).

:)

Anónimo dijo...

Los superticiosos le adjudican la desgracia a esta pobre planta

Juliana Fortini dijo...

No soy supersticiosa, amigo/a anónima. Sí lo fuera te guardaría rencor por haberme informado de mi futura desgracia.