miércoles, 27 de agosto de 2008

El mismo amor. La misma lluvia.


La tormenta de Santa Rosa está llegando a la ciudad. El cielo azul se esconde atrás de las nubes, o las nubes lo esconden a él. La gente sale de su casa con paraguas, pero todavía ni una sola gota ha caído del cielo. Los lavaderos de autos están llenos de empleados aburridos. Todo él mundo des-cuelga la ropa que tiene en la terraza o en el patio esperando un poco de sol. Pilotos, colores negros, grises y marrones. Algunos sombreros. 
Yo salgo a la calle sin ningún tipo de protección. Me peleo con el paraguas, los pilotos no me quedan bien y me dan frío y por sobre todas las cosas me encanta la lluvia. En algún momento del día la lluvia me estará esperando para jugar. Y ahí voy a ir. Caminaré con ella por las calles. Me despeinaré, me arruinaré la ropa, pero se me irán limpiando las angustias y las mentiras que todavía quedan sedimentadas en algún lugar de mi ser. 

2 comentarios:

Frank dijo...

La lluvia, me encantaba jugar en ella cuando era niño. Ahora cada vez que llueve me dan ganas pero no lo hago, nose por que. La proxima lluvia retomo eso que hacia de chico y tanto me gustaba. Siempre te voy a repetir que es muy lindo lo que escribis. Saludos

Juan D. dijo...

esperando que llegue cantando la lluvia, desde la cima de uno mismo.

abrazos